Confundir amor con aguante: una trampa común en los vínculos | RedAP

Cómo los mandatos, el miedo a perder y la historia personal pueden llevarnos a tolerar vínculos que desgastan más de lo que cuidan.

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Muchas veces se aprende que amar implica bancar. Sostener, esperar, adaptarse, ceder. Que si duele, es parte. Que irse es fallar.
Sin embargo, no todo conflicto fortalece un vínculo ni todo malestar es pasajero. Cuando el desgaste emocional se vuelve constante, aparece una pregunta incómoda pero necesaria: ¿esto es amor o es aguante?


Cuando el conflicto deja de ser parte del vínculo

Toda relación atraviesa desacuerdos, tensiones y momentos difíciles. El conflicto, en sí mismo, no es un problema: puede ser una oportunidad para revisar acuerdos, crecer y conocerse mejor.
El problema aparece cuando el malestar es persistente, cuando la ansiedad, el miedo o la culpa se vuelven parte del día a día y el vínculo empieza a sentirse más como una carga que como un espacio de cuidado.


Mandatos que enseñan a “bancar”

Desde muy temprano se transmiten ideas como “el amor todo lo puede”, “hay que luchar por la relación” o “nadie es perfecto”.
Estos mensajes, aunque bienintencionados, muchas veces refuerzan la idea de que aguantar es una prueba de amor, incluso cuando el costo emocional es alto.


Por qué no siempre es fácil irse

Reconocer que un vínculo duele no implica que sea sencillo tomar distancia. El miedo a la soledad, la dependencia emocional, la culpa o la esperanza de que el otro cambie pueden hacer que sostener el aguante parezca la única opción posible.
Además, muchas personas no aprendieron a poner límites sin sentirse egoístas o crueles.


Pensar el vínculo también es cuidarse

Pedir ayuda no significa “fracasar” en una relación ni tomar una decisión inmediata. A veces, el primer paso es poder pensar el vínculo con otros, poner en palabras lo que incomoda y diferenciar amor de desgaste.
Revisar no es romper: es intentar cuidarse mejor.